06 octubre 2009
05 octubre 2009
Ojos inquietos
por Luis Tomás a las 11:59 p. m.
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06 junio 2009
Cuando el invierno no es calor
Al frío,
por Luis Tomás a las 11:19 a. m.
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11 marzo 2009
Vestido de almidón II
Iba contra el viento, sondeando...
las cortinas del filoso cantero.
Iba tras las fotos desveladas,
y no había nada velado entre los árboles.
Componía con su cabello, al galope.
Al trote desde la maraña,
entre fósforos y agua tibia.
Campante como las cortinas
entre salones ovales y bailes,
de cortesía con su floreado vestido.
Catres de almidón, canteros...
que están abolidos, indefensos,
cantores de la histeria del libreto.
Espigas cansinas de la fatiga niña,
de la camiseta sin cuello,
y las mangas volando en la imaginación.
Precisas medidas de cintura,
níngun abrazo infortuito,
altaneros estudios de campo.
Libra, la balanza sin peso.
Libra tu espada, desenfunda.
Libra tu funda de maldad,
destapa el tambor,
reposa tu palma abierta
y aprieta fuerte, mentón.
Libera fuego y dame un poco,
de ese vestido de almidón.
por Luis Tomás a las 12:37 a. m.
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23 febrero 2009
Vestido de almidón I
Se que la tibia sábana
es macana en la caricia
del estado altanero
sobre cientos de cadúmenes.
Se que tibiamente se somete
las presiones del talón
a los estruendos de abolidos,
estrujados, re esculpidos.
Antes del fetiche, actuaciones,
tributos al salchichón campesino
que recompensa en el portal
del rancho infame y casto.
Labra la vela, la habrá clavado.
Estupidez en cantidades
con salpicones sustentables
amputados por su canción.
Cactus del desierto sin arena,
tapiz, cobertizo sin telón.
Aire almidonado en cunas,
dame tu vestido, minutas.
por Luis Tomás a las 5:11 p. m.
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14 febrero 2009
Intermezzo Ficticio
Subtitulo: "14 de Febrero"
Antes cuando recordaba, sonreía,
ahora, a veces se filtran sollozos.
Antes cuando no estaba,
no creía, no me importaba el tema.
Luego, creí haber superado eso.
Ahora, vuelvo al tardío anterior.
Tengo un monton de juguetes en el pórtico.
Conozco niños en el barrio que no juegan.
Perdí los manuales de instrucciones.
Pero ellos saben usarlos aunque no los tengan.
Perdí la inventiva, es que la invertí.
La dejé en manos ajenas.
Antes, cuando hablaba era tímido.
Ahora, soy un tímido sin conciencia,
un extrovertido sin razones.
Ahora, conozco el sabor de la sal.
Antes, eran meras teorías.
Ahora, la impotencia es su vía.
En el verde de la oscuridad,
los enanos no son mas que espías
con binoculares y yo un campesino,
para quien el verde oscuro no existe.
Los árboles han visto mucho,
pero sus ramas parecen haber caído.
Antes, mis manos tenían usos múltiples.
Luego, mis manos fueron potenciadas.
Ahora, mis manos sufrieron una inflación.
Antes, yo iba camino a mi egoísmo sano,
Ahora, el egoísmo se llama indeferencia,
la inerencia ante cualquier camino,
la inercia del vacío.
Las mochilas saben a sudor,
cuando en su interior hay papel de diario.
Su peso se iguala a la pluma
y entonces tu alma de la espalda,
sale volando, libre de todo.
Sin embargo, el contorno queda en la piel.
El intermezzo ha caído sin anuciarse,
la sala se vacía, hay tragos afuera,
la orquesta toca, las bailarinas se van,
los cantantes hacen sociales, las luces bajan.
El próximo acto no ha sido anunciado pero,
la gente afuera espera como si sucediera en pocos minutos.
Se renuevan los abonos todos los años,
en la puerta del teatro bailan los clientes.
Todos sonríen, todas coquetean.
Aún así, yo no se lo que busco.
Pero yo se que encontrarlo es como buscar
un respiro en el cosmos.
Lo encontré, es que no se como ni donde lo dejé.
Debo haber perdido
el hilo, el ovillo, de la vida.
por Luis Tomás a las 12:03 p. m.
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01 mayo 2008
Relincho
Antagónico respiro del duelo
fatiga y delirio entre dos columnas.
Ligeros cabellos entre sonetos
y el recitador que sobre mira.
Desde el canto y la voz sopla
y deja virutas de aquel sinuoso
tallo artísticamente rallado a mano.
Confunden las hileras de oro
y los espejos llenos de hojas y
cortezas y rocíos y aire húmedo
y quien quiera repetir al son
del paso tranquilo en una ventanilla
por el camino a través del agua.
Agónico fue aquel soplido
detrás del follaje nocturno
y cuando reapareció se liquidó
solo en las termas o las calderas,
quien sabe que eran,
pero no tenían fondo
y menos que menos
un silbato diurno.
Anticipos del invierno hogareño,
corpus y cortas canzonas
continuaron silabeando en fila
y consintieron calladas al cólera.
Con raspones en sus rodillas
la sonrisa se convirtió en burla.
Los cosmos perecieron y solo quedo uno.
Antagónico, insípido e incrédulo.
Captado e inconcebible.
Col, mal, fe de calmas con,
salmos desentonados con,
clamas y contunsiones en la mano,
falanges tibias de dolor.
Sin embargo, caben en los libros
un columpio y dos figuras,
libres de basuras e impotencia,
imponentes en su andar.
por Luis Tomás a las 1:19 p. m.
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14 noviembre 2007
Ellos
Ella, el, ellos,
nietos del vivero de los uras.
Sabrosos recitales de literas
con sinusoidales líneas de pudor.
Listones en el vacío con
libres límites inferiores de sonrisas.
Las calles en su dimensión
que pedregosas se marchitan al tiempo.
Los otros, las costras de la vida.
Los silbidos de hervor y alarmados
detrás de vidrios resquebrajados
sin cortinas y abiertas al corte inmediato
de un peligro ulterior.
Sin más, ellos, destiñen sus párpados,
con sales del corazón,
con las coquetas pestañas intermitentes
que se extrañan mutuamente.
Detrás, los cielos abiertos,
las nubes envidiosas y negadas
del agua y tormentas.
Los vuelos fuera de término
se han acabado y ahora,
es tiempo de despegar a lo eterno.
El tiro que esta cargado,
es un blanco premeditado en la ilusión
del que siente los pasos fuera,
dentro y cercanos a los árboles.
Las hojas están holgadas y,
ahogadas se marchan las ramas
hacia el suelo, se tapan con su manta
de tierra y barro
y duermen hasta el próximo leñador.
Ella, él, ellos, fueron invitados
al solemne acto,
donde desfilaron dos miradas
y definieron sin punzadas
la liviana sonrisa de amor.
por Luis Tomás a las 11:55 p. m.
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14 octubre 2007
Lamentos suburbanos
Por los costados de la ribera,
sobre las baldosas quebradas,
al lado del camino de las hormigas,
y de las olas que sesean timidonas.
Por los senderos de polvo airoso,
de lo cielos nubarrosos y quietos,
de colinas alejadas y brillosas,
por los caminos indecisos.
En los pastos altos, en las alturas,
sobre el tallo, está la abeja.
En los bajos, por sobre el calor,
está la serpiente semi durmiente.
Con los ronquidos de la media tarde
y los espasmos de las nubes,
con el sol agujereando lo carriles
por dos se mueven los rayos,
las luces eternas y lo equilibrios.
Con la humedad que acaricia
y las piedras que salpican,
que manchan de sudor en la camisa
y en la cornisa del cuello.
Las mangas desdichadas
y los botones que gotean.
Ya no respira la cortina,
con la ventana abierta y el viento.
Ya no se caen los papeles
cuando filtra la brisa matutina.
Sólo el polvo se emana y
hierbe por el calor humano.
Asciende hacia el cielo y los ojos
acompañan su viaje.
Los viejos tirantes del cortinado
boquiabiertos se traban y no pueden caer.
Las manos sudosas secan
y los llantos lastimosos cesan.
por Luis Tomás a las 11:27 p. m.
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02 octubre 2007
La multitud
En las alturas de la senda
y sobre los pastos altos, levitando,
cuando te posas en la ventana de un baño,
en el campanario de la iglesia,
en el descanso de escalera,
entre las líneas de la calle,
cuando el semáforo está en rojo,
estas separado de la tumultosa muchedumbre.
En el invierno resquebrajante
o sobre la superficie arenosa del sol,
en los conductos callejosos
o en la madrugada de la gran avenida,
en los árboles del parque cerrado
o en tu cabeza mirando al cielo estrellado,
es la soledad escapista de tu propio cuerpo .
Sustentos de cristal,
capitales del azar,
animales ciegos y sin tacto,
lentos ropajes de asalto.
Letrinas y estantes,
calibres temblorosos,
modos simples de pensar
en la cantidad desmesurada
de humanindad derrumbada.
Pasos que se duplican
y felicitan a sus perseguidores,
temores y soles abrazados
con órbitas descalzas
y solapas en sus arduos brazos.
Ligeros sabores, libros,
salón de miles de escaleras,
peldaños antiguos,
ruidos de quiebres
de cadenas imaginarias,
nada de temer a la maquinaria,
a la que mueve tu asma,
tu alma y tu silabeo.
Tumultos, demasiadas huellas
que seguir y entender.
Insultos a la intimidad y
dibujos borrosos y milagros,
sales de azucar
y sales sin pensar,
solo corres y pierdes
contra la inmensa masa,
la manza que no se mueve
pero te sumerge y adhiere
como si estuvieras de acuerdo
a ser un tumor del tumulto.
por Luis Tomás a las 1:34 p. m.
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19 septiembre 2007
Composición susurrante - Undécimo
He decidido tocar un piano sin teclas
y pararme sobre la tapa
para sentirlo vibrar dentro mío.
He decidido tirar lágrimas sobre las hojas,
si las había, y convertirlas en sombras,
en manchas e interpretaciones distintas.
He decidido dar mi concierto por los sueños,
cuando solo puedan escucharme
sin que yo pueda verlos.
Porque me intimidarían los aplausos
a una música que no compuse queriendo,
ni que la pensé cantando.
No he decidido aún que hacer con los borradores
de la composición comenzada.
No se si archivar notas añejas
o crear otro lenguaje de símbolos abstractos.
No se si comprar lápices de punta fina
para dejar el mínimo detalle de los actos
o un trazo grueso que me permita
ser dudoso de a ratos lujosos.
No he decidido que hacer con los destinatarios
ya que he reducido el público
a un propio estuario,
existente sólo cuando no estoy.
Pero no debería ser tan ingrato,
ya que ellos han valorado la composición
y ancían con ancias escucharla alguna vez.
He decidido llamar a los ladrones
para que roben a destajo lo que encuentren,
y ver cuan valiosos eran los pentagramas.
Por desgracia, se llevaron mi plata,
unas cadenas que parecían de oro,
pero ningun hoja rayada de cinco
ni garabateada con espacios
y anagramas chinos de música.
He decidido apelar a la ignorancia popular
acerca de los sentimientos,
y llamar a los ladrones para insultarlos,
depurarlos y amedréntarlos
con rugidos feroces, ya que,
si era todo tan valioso,
debían haber visto lo más importante,
llevárselo y venderlo en los mercados.
No he decidido aún de que se trata
el próximo llamado, ya que al parecer,
no es tan importante como para mi
los solfeos melódicos registrados.
No he decidido porque sin darme cuenta
ya había intentado mojar las hojas
y no creo que alguien entienda,
ni tenga inteciones en tratar de comprender
las melodías ahora desdibujadas.
A partir de una foto disparadora en www.fotolog.com.ar/lutoms
por Luis Tomás a las 9:17 a. m.
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El susurrador - Un décimo susurro propio
Hondo de trasfondos
rojos de fu
ria de solución, í.
Obtusos colapsos
algunos retazos deshojados
de la luna y la noche.
Olgar lo pasmo
lo espiral y solo marrón
manchar el haz de estrellas.
Dos colmillos sangrados
y portezuelas golpeadas.
Hundid en bajos fondos.
Los coros de los árboles
que de coplas saben mas que yo
y de solos sueltos y cabizbajos
se lamentan por mi cuello
que se quebró, colgando mi pelo,
soltando el peso contra la espalda
y la presión de la corteza.
Un espectro sin sensaciones
y colores en blanco y negro.
Fotos rasgadas y lentos vientos.
Folios vacíos y etiquetas sin contenido.
Caminos sinuosos
hasta el barranco
y una escalera sin pasamanos
hasta la orilla y el camino
de salida.
por Luis Tomás a las 12:55 a. m.
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Temas Poesía propia
13 septiembre 2007
Tres lugares en mi mente
Cielo oscuro, desierto
sin textura, sin delirios,
repetitivo y un ser invivo.
Lugares remotos, repito,
ciertos mareos sin ser vistos,
celosos colores del atisbo,
centenares de sermones.
Retorcijos sin siquiera,
un acertijo que joroba y
desprende olores, fueros,
lejos en aromas repletos de
desamores y fluctuosos morosos.
Revividos en superficies
delicias y matices brillosos
decorosos y sin melancolía.
Que deja llevar en siluetas
sin resueltas desiluciones
con tiernas repetidas
perdidas limitadas y soslayadas variadas
resultantes de besos.
Calmo para el filo
el que en el vértigo
desfila y desliza la paz
la revuelta interior
y la confrontada lista
de poemas sin destino
y prosas sin abismo.
Solo sobrios algodones
y amalgamas de un solo color.
Solo el fresco, la mente
que se detiene en días
y se retuerce en minutos.
Que deja llorando al oscuro
y al oleaje y que llora asi mismo
cuando no se entiende en su
liso amanecer y listo decaer
(no comenzar ni atardecer).
Y por allí lejano, lo que no cabe,
lo que pertenece a uno ni a nadie,
lo que es continuamente esquivado
sin ni siquiera enteder su estado,
lo que se trasluce por donde sea
y no tiene forma de esconderse
aún de noche, aún en penumbras,
aún allí esta el nexo a todo
el brilo a las desiluciones,
a los vómitos del alma y
a las resacas del corazón.
Sin embargo aparece, se posa,
se exparse, se dispone
y no puede, aunque siendo opuesto,
no posarse sobre el mas inhóspito.
Publicado por primera vez, a razón y como punto disparador, de una foto en www.fotolog.com.ar/lutoms
por Luis Tomás a las 12:19 a. m.
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03 septiembre 2007
La sombra solitaria
Solitario decrece,
se dilata en huelgas
y en payadas caseras.
Solitario derrama
y despilfarra fantasía,
ninguna cortesía
y diestras formas de alejarse.
Solitario se liquida
y cobra por anochecer.
Se paga al contando,
montado en caballo
hacia el poco sol de ayer.
Solitario, sin receta
decidida, ni botella vacía.
Sin colorario en sus manos
y pocas venas abastecidas.
Solitario, como el río.
Frío de noche, abastecido.
Calmo de día, pero traicionero.
Puro oleaje en la luna
y una cuna sin dueño.
Ni mantas, ni juguetes,
ni sonajeros, ni llaveros.
Sola agua que fluye
solitaria cantando su aria
para la desaparecida,
para la sombra que ni amo tiene.
Porque solitario se detiene.
Publicado por primera vez, a razón y como punto disparador, de una foto en www.fotolog.com.ar/lutoms
por Luis Tomás a las 1:34 p. m.
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28 agosto 2007
A duras caras - Capítulo 2: Oleame
Tragame agua, oleame.
Sumergime y despojame
de todas mi ropas y mis bienes.
Oleame, sacame sin sal,
rompeme contra una roca
y devolveme al mar,
rompeme y hundime
solo algo mas, un poco más de lo normal.
Oleame, amarrame a ti
descargate de sobre si
desparramame por tu universo
acuoso, dudoso, vanidoso.
Oleame sin pensar
en grata inmesidad.
Rompeme y devuélveme
a una playa, bajo el tibio amanecer
bajo hacia el nacer.
Bajo. Oleame, calmame.
Bajame a las rodillas
y dejame helado ante la noche
Dejame goteando por todas partes
y dos huellas y en tu arena
del fondo del mar.
Raspame, acariciame
y otra vez tragame, devolveme
y samarreame sin piedad.
Sácame todas las fuerzas,
descontrólame, para,
finalmente tener poseción total.
Hazlo, oleame solo mas de lo normal.
por Luis Tomás a las 10:44 a. m.
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19 agosto 2007
A duras caras - Capítulo I: El rito
¡Que gran grito se le zafó!
cuando oyó las escaleras.
Mientras esperas que vuelva
la gotera y te acalambre los oídos,
mientras esquivas las última gota
que está agujereando tu espalda.
El rito de la espera esta sucediendo
y sin pensar ni querer ser más,
has estado solitario.
El dueño resuelve a su criterio,
y golpea las patas de la mesa
con gran destreza que rompe
el tablero y deja diluir en el suelo
todo aquel líquido desenfrenado
y raro sin forma para poder tomarlo,
en las manos.
El sitio que eljiste se parece,
a lo que menos te apetece
y a los que resulta ser ofensivo
y deprime al más efusivo
cuando el cerrojo se traba
y rechina una llavero vecino.
El suelo que ha estado sitiado
ahora esta desorbitado.
No contiene huellas, sino más bien,
el polvo remarcado por el fantastama,
en el aire y las cortinas,
en el viento por el asma recitado
y los huecos en las voces allados.
por Luis Tomás a las 5:45 p. m.
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18 agosto 2007
A duras caras - Prólogo
La roca del dolor,
fueros, deletreos rotos.
Cabizbajos en sus tronos
los reyes resuelven
las leyes y sus descendientes
en formol, en derrochas.
En garrochas lastimosas
y sables sabrosos.
Silencios pecaminosos
en un laberinto dual.
Letrinas sin tapa ni adornos,
con soles inferiores
y olores sentimentales,
de los que causan comezón
cuando recuerdas en risas
y sumisas celestes listas
de papeles, sin higiene,
sin deleites y retorcidas.
Levántese y súplase
cuando no encuentra la salida
de emergencia y sin urgencia
que sobrepone en gordos, sordos,
galopes, trotes y,
váyase cuando no se vea
en los vidrios rotados,
y sóplese cuando no sienta
ni el suelo, ni el dolor en la entrañas
de las espinas de piedras.
por Luis Tomás a las 12:54 a. m.
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31 julio 2007
Suspenso en la montaña
Suspenso en la montaña
en la ladera, y en la cima,
en la soga que tiembla
en los pinos que tambalean
y terminan cortando al viento
que suculento se desespera
por depositar su brisa
en la cara mas desierta.
Suspenso en la ladera
que friamente se distiende
en un abismo sin luz.
Un sismo estremecedor
desarma su lisa pantalla
y la convierte en una arrugada,
desesperada y vieja
piel de tierra de risco.
Suspenso en la soga
que titubea desentendiendose
de la situación, que desborda,
a todo corazón y pulso,
y sobrepone su zizagueo
entre las manos y las pestañas
entre las mañas por no caer
y lo sano de volver.
Suspenso en la cima
que pierde el equilibrio
ante el horizonte desolado.
Que siente un cosquilleo
bajo sus pies aprisionados
que se contraen y distienden
en una contractura dolorosa
y sabrosa al mismo tiempo
por sentir el baile.
Suspenso en los pinos
que eran tan herguidos
y ahora son una goma de mascar
o un globo de niño
que se tranforma en otro elemento
a pura discreción de otro deseo.
Llora entre sus hojas
y se desarma entre sus brazos.
Suspenso que el viento trae
cuando sopla sin quererlo
cuando mira sin saberlo
cuando absorve sin beberlo.
Cuando se detiene
se mantiene el silencio
y se limita al hueco
que entre cima, soga,
ladera, montaña y pino,
se ha exparcido el abismo.
por Luis Tomás a las 9:58 p. m.
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18 julio 2007
Susurro (9 son suyos)
Le probé cuando supe
lo que no se si sabré
cuando en realidad
intenté o intentaré
pero que sobre todo
no fue para nada incómodo
y recubrió las sonrisas
tan pícaras y de prisas
reconfortantes, sonantes,
titubeantes y lerdas.
Un día nevó en la afueras
y yo estaba en las adentros
o en otras partes saltando
y cuando cai me di cuenta
que quería estrujar algo
e inmediatamente intenté
armar rulos y sonrisas
con la nieve y ponerle
un pompón de nariz
para luego agarrarla entre
mis índice y medio,
con mis nudillos.
Y fueron tan pillos y picarones
que resultó ser molesto
aun de noche o de día
pero nunca olvidado
y por eso han contraído
la pequeña extrañitis aguda
que no se diagnostica
pero se practica sin querer
y luego se vierte
en el próximo amanecer.
Resultó tiempo pasado
y tiempo luego
se hizo sentir el abrazo
y las ganas de amar
de sosobrar en salsa
y despalfirrar la vista
en apagados iris
y cejas sintiéndose
solitarias y al mismo tiempo
acompañadas por otras
confrontadas por la
sutil mirada interior
sensible al olor
al calor y al tan.
a VA...
por Luis Tomás a las 2:07 a. m.
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Temas Poesía propia
01 julio 2007
Tiempo 2
Quiciera tener el tiempo
para entender todo lo que siento.
Pero ni siquiera lo tengo
para darme cuenta si siento.
Quiciera detener el tiempo
para curiosear los sentidos,
pero ni siquiera puedo detenerme a mi mismo.
Quiciera comprar tiempo
para regalárselo a quien quiciera,
pero ni siquiera tengo tiempo
para regalarme un minuto de mi mismo.
Quiciera sentir el tiempo
para entender cuando usarlo,
pero ni siquiera entiendo cuanto tiempo llevo andando.
Quiciera robar tiempo
para tener adrenalina en las manos,
pero ni siquiera puedo dar una mano a mi otra mano.
Quiciera acelerar el tiempo
para saber que viene luego,
pero ni siquiera se como saber lo que soy.
Quiciera volver el tiempo
para retomar algunas cosas,
pero ni siquiera puedo darme vuelta
porque se me viene el viento.
Quiciera querer tiempo,
pero no se como querer algo que no entiendo.
Quiciera lo que me enloquece,
no me suelta y me empuja,
pero creo que es imposible
porque no es tangible a mis sentimientos.
Quiciera, aunque asi bien me siento.
El tiempo no es posible
excepto cuando te hacés posible
para él y su silencio.
por Luis Tomás a las 2:45 a. m.
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Temas pensamientos vagos, Poesía propia